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Los microplásticos no sólo representan un problema por su presencia en océanos, ríos o alimentos. Una investigación realizada durante cinco años encontró que estas partículas también pueden modificar los suelos agrícolas y favorecer la interacción entre contaminantes, microorganismos y sustancias químicas.


El proyecto Minagris, financiado por la Unión Europea, analizó 227 campos agrícolas en 11 países europeos y encontró microplásticos en todos ellos. Los resultados han sido reunidos hasta ahora en 22 estudios científicos revisados por pares.


Los investigadores observaron que estas partículas pueden permanecer durante años en el suelo y reflejar tanto las prácticas agrícolas actuales como actividades realizadas tiempo atrás en los terrenos.


Uno de los principales hallazgos está relacionado con la resistencia a los antibióticos. Los microplásticos pueden convertirse en superficies donde se establecen microorganismos, formando espacios conocidos como plastisferas.


En estos entornos, donde coinciden plásticos, microbios y agroquímicos, los científicos detectaron un aumento de genes asociados con resistencia a antibióticos en comparación con las muestras utilizadas como control.


El problema puede intensificarse cuando los microplásticos entran en contacto con otros contaminantes. Los pesticidas, por ejemplo, parecieron incrementar la presencia de estos genes.


El tamaño de las partículas también resulta importante. Cuanto más pequeños son los microplásticos, mayor puede ser su capacidad para retener contaminantes, microorganismos y fragmentos de ADN.


El profesor de microbiología de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, Edoardo Puglisi, explicó que este comportamiento puede generar un efecto similar al de un “caballo de Troya”, al favorecer el transporte de patógenos y genes relacionados con la resistencia a antibióticos.


La investigación también encontró que los microplásticos pueden acumular otras sustancias tóxicas. En campos estudiados en Suiza, las zonas con mayores concentraciones de partículas provenientes del desgaste de neumáticos también presentaron mayores niveles de químicos tóxicos y metales.


Esto llevó a los especialistas a advertir que los contaminantes no deberían analizarse únicamente de manera aislada, ya que sus efectos pueden modificarse cuando interactúan entre sí.


Los microplásticos también pueden afectar a organismos esenciales para la salud del suelo, como las lombrices de tierra, que participan en los ciclos de nutrientes y en la formación del microbioma.


Los investigadores encontraron además efectos negativos en plantas. En experimentos con lechuga, altas concentraciones de microplásticos redujeron la superficie de las hojas, el contenido de clorofila, la eficiencia de la fotosíntesis y la biomasa.


Cuando las plantas enfrentaron simultáneamente contaminación por microplásticos y condiciones de sequía, los efectos fueron todavía mayores que cuando cada problema se presentó por separado.


El estudio también advierte que los materiales biodegradables no necesariamente eliminan este riesgo, debido a que también pueden fragmentarse y convertirse en partículas diminutas capaces de permanecer en el suelo.


La investigadora Esperanza Huerta Lwanga señaló que, una vez fragmentados, estos materiales son prácticamente imposibles de retirar y pueden funcionar como vehículos para agroquímicos y otros contaminantes.


Ante este escenario, los especialistas plantean la necesidad de establecer sistemas estandarizados para medir la presencia de plásticos en los suelos, aumentar la transparencia de los fabricantes y desarrollar evaluaciones ambientales que tomen en cuenta la interacción entre distintos contaminantes.


Los resultados muestran que los microplásticos no sólo se acumulan en el ambiente, sino que pueden convertirse en plataformas donde interactúan bacterias, sustancias tóxicas, plantas y organismos del suelo, lo que podría ampliar sus efectos sobre los ecosistemas y la producción de alimentos.

EXPOKNEWS

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