Madrid.- El Gran Premio de España de Fórmula 1 en Madrid no solo representó un desafío por las características del nuevo circuito Madring. Las altas temperaturas también sometieron a los pilotos a un importante esfuerzo físico durante las sesiones y la carrera.
El trazado semiurbano, ubicado en los alrededores de IFEMA, recibió a la categoría del 11 al 13 de septiembre, con temperaturas que rondaron los 30 grados centígrados y aumentaron todavía más dentro de los monoplazas.
A diferencia de un automóvil convencional, los Fórmula 1 no cuentan con aire acondicionado. El calor generado por el motor, los frenos y el propio habitáculo puede elevar considerablemente la temperatura que soportan los pilotos durante una carrera.
El organismo responde intentando enfriarse mediante la sudoración, lo que provoca una pérdida importante de líquidos y electrolitos. Si estos no se reponen adecuadamente, pueden aparecer fatiga, disminución de la concentración y una menor capacidad de reacción.
La exigencia aumenta porque los pilotos deben mantener un elevado nivel de atención durante cerca de dos horas, soportar fuertes fuerzas laterales y realizar movimientos precisos mientras su frecuencia cardiaca permanece alta.
La hidratación antes y durante la competencia resulta fundamental, aunque el sistema de bebida instalado en los monoplazas tiene una capacidad limitada y el líquido puede calentarse debido a las temperaturas del interior del vehículo.
El calor también obliga a los equipos a prestar atención a la preparación física, la aclimatación y las estrategias de enfriamiento utilizadas antes de que los pilotos suban al automóvil.
En Madrid, este factor se sumó a las dificultades propias de un circuito nuevo, estrecho y con sectores de alta velocidad, convirtiendo la resistencia física en otro elemento importante del fin de semana de Fórmula 1.
El Gran Premio de España regresó a Madrid después de 45 años y se disputó por primera vez en Madring, un trazado de 5.4 kilómetros y 22 curvas.
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