Dos grandes rocas ubicadas en la sierra de Malagón, en Ciudad Real, España, conservan marcas realizadas por distintas generaciones durante unos 4 mil años, desde posibles grabados prehistóricos hasta figuras, nombres y fechas del siglo XIX. Un nuevo estudio propone entenderlas como una especie de archivo en piedra que fue reutilizado y reinterpretado a lo largo del tiempo.
La investigación, publicada en la revista World Archaeology por Álvaro Ibero, Luis Benítez de Lugo Enrich y Álvaro Guzmán Sil, se concentra en los sitios de Piedralá y El Fraile y La Monja. Los especialistas consideran que las superficies funcionan como un “palimpsesto cultural”, es decir, un mismo espacio sobre el que diferentes comunidades dejaron nuevas huellas sin borrar por completo las anteriores.
Piedralá cuenta con un panel de cuarcita de aproximadamente 5.3 por 4.6 metros, situado en una ladera junto a un arroyo y en un paso natural hacia la cuenca media del Guadiana. El Fraile y La Monja, por su parte, tiene una losa casi horizontal de 5.2 por 3.5 metros, ubicada en una zona elevada desde donde existe una amplia vista del paisaje.
En las rocas aparecen figuras humanas esquemáticas, círculos, cruces, trazos lineales, retículas y posibles representaciones solares. El Fraile y La Monja destaca por contener más de 180 cazoletas, pequeñas cavidades circulares excavadas sobre la piedra cuyo significado todavía no ha podido determinarse con certeza.
Los investigadores proponen que los primeros grabados podrían remontarse aproximadamente al año 2000 a. C., entre el final del Calcolítico y los comienzos de la Edad del Bronce. Sin embargo, no existen dataciones directas de las marcas, por lo que esta antigüedad se estableció mediante comparaciones, superposiciones, contexto arqueológico y similitudes con otros sitios.
Uno de los detalles que llamó la atención está en El Fraile y La Monja, cuya ubicación permite observar el amanecer del solsticio de verano en relación con una formación conocida como Colmillo del Diablo. Los especialistas plantean que la alineación pudo tener algún significado simbólico o ritual, pero advierten que no existen pruebas para afirmar que el sitio fuera un observatorio astronómico, un calendario o un lugar dedicado al culto solar.
Muchos siglos después, las piedras continuaron siendo utilizadas. Los arqueólogos documentaron intervenciones fechadas en 1550, 1703, 1865 y 1868. En Piedralá aparece un nombre posiblemente leído como “Peinado”, acompañado de una cruz y fechado en 1550, mientras que en El Fraile y La Monja existe una inscripción de 1703 interpretada como “año de Dios de 1703”, además de otros nombres y símbolos cristianos.
Entre las representaciones más recientes se encuentran dos grandes figuras humanas en Piedralá. Una, relacionada con 1865, parece mostrar a una mujer con tocado; la otra, fechada en 1868, representa aparentemente a una persona a caballo, también con tocado y posibles riendas.
El estudio considera que quienes añadieron cruces y otros símbolos siglos después probablemente no conocían el significado original de los grabados prehistóricos. Aun así, siguieron utilizando unas rocas que ya tenían importancia dentro del paisaje. Para los investigadores, precisamente ahí está el valor del hallazgo: las piedras de Malagón no corresponden a un único momento histórico, sino que muestran cómo un mismo lugar pudo conservar su significado para diferentes comunidades durante miles de años.
Muy Interesante

Hola, déjenos un comentario