0

La estabilidad emocional de los niños no depende únicamente del cariño y la protección que reciben. También influye la manera en que los adultos establecen límites, responden ante determinadas conductas y mantienen las rutinas familiares.

Una investigación realizada por especialistas de Oakland University analizó a casi 5,000 personas para conocer las posibles consecuencias de haber crecido en un ambiente impredecible. Los resultados encontraron una relación entre una infancia marcada por la incertidumbre y una mayor presencia, durante la adultez, de rasgos relacionados con inestabilidad emocional, impulsividad, conflictos en las relaciones y experiencias disociativas. 

Los investigadores hacen una distinción importante entre una infancia difícil y una infancia impredecible. Una familia puede enfrentar problemas económicos, cambios importantes o situaciones complicadas y, aun así, ofrecer a los menores reglas y rutinas que les permitan saber qué esperar.

El problema aparece cuando las normas y las respuestas de los adultos cambian constantemente. Por ejemplo, cuando un día una conducta es permitida y al siguiente es motivo de un regaño, o cuando uno de los padres establece un límite mientras el otro permite ignorarlo.

Para los niños, las rutinas y las respuestas de sus padres funcionan como una especie de mapa para entender cómo funciona su entorno. Cuando esas señales son contradictorias, tienen más dificultades para anticipar lo que ocurrirá y pueden permanecer más atentos a los cambios en el estado de ánimo de los adultos.

Esta incertidumbre también puede influir en la manera en que los menores regulan sus emociones. Si no saben qué respuesta recibirán ante determinada situación, pueden reaccionar con mayor rapidez o intensidad y tener más dificultades para decidir cuándo insistir, retirarse o esperar.

De acuerdo con el análisis, la imprevisibilidad también puede afectar las relaciones personales. Un niño que aprende que las respuestas de las personas importantes para él cambian constantemente puede trasladar esa expectativa a otros vínculos y desarrollar una mayor inseguridad en sus relaciones.

Sin embargo, los especialistas aclaran que esto no significa que los padres deban mantener una rutina perfecta. Los cambios son parte de la vida familiar. Puede haber días complicados, modificaciones de horarios, mudanzas, nuevos integrantes en la familia o situaciones inesperadas.

Lo importante es que los niños cuenten con suficientes referencias estables para entender cuándo algo es diferente y cuándo las cosas volverán a la normalidad.

Una de las recomendaciones es mantener las reglas familiares más importantes. No es necesario establecer una gran cantidad de normas, sino elegir algunas y procurar que se cumplan independientemente del estado de ánimo de los padres.

Cuando sea necesario hacer una excepción, resulta útil explicárselo al menor. De esta manera puede entender que una regla puede modificarse en determinadas circunstancias sin que eso signifique que todo sea impredecible.

Otra estrategia consiste en anticipar los cambios de actividad. Situaciones como apagar una pantalla, salir del parque o irse a dormir pueden generar conflictos cuando ocurren de manera repentina.

En lugar de anunciar simplemente que quedan cinco minutos, puede ser más sencillo relacionar el cambio con una actividad concreta, como decirle al niño que al terminar el nivel que está jugando deberá apagar la tableta y prepararse para bañarse.

La tercera recomendación es reparar las situaciones en las que los adultos hayan sido inconsistentes. Los padres pueden equivocarse o cambiar de opinión, pero explicar lo ocurrido ayuda a que el niño comprenda la diferencia.

Por ejemplo, si un día se permitió jugar más tiempo porque no había prisa, se puede aclarar que se trató de una excepción y que la regla habitual continúa vigente.

La investigación señala que la estabilidad emocional no significa eliminar todos los cambios de la vida cotidiana. Se trata de proporcionar a los niños una base suficientemente segura para que puedan enfrentar las situaciones inesperadas.

Los especialistas plantean que una crianza realista no necesita ser perfecta ni funcionar como un reloj. Lo importante es que los menores puedan identificar reglas claras, recibir explicaciones cuando estas cambien y tener la confianza de que los adultos pueden corregir sus propios errores.

La investigación de Zeigler-Hill y colaboradores, publicada en 2026 en Evolutionary Psychological Science, analizó precisamente la relación entre las condiciones de crianza percibidas durante la infancia y determinados rasgos de personalidad en la adultez.

Ser Padres

Hola, déjenos un comentario

 
Top