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Por Iván Restrepo.- En un discurso en Davos en enero pasado, Donald Trump se burló de los “molinos de viento”. Los calificó de “perdedores” y definió como “estúpidos” a los países que los compran. 

La respuesta de la comunidad europea fue clara: nueve de sus integrantes firmaron un acuerdo para construir un vasto centro de energía eólica marina en el mar del Norte, centro de la industria petrolera y gasística del continente. El acuerdo fue una respuesta al discurso de Trump contra la energía eólica, la cual ofrece un inmenso potencial para Europa al aumentar la seguridad energética y liberarla de su fuerte dependencia del petróleo y el gas de Estados Unidos. En tanto, India está incorporando energía solar a un ritmo acelerado y China instaló más energía eólica y solar en 2024 que toda la renovable que opera en Estados Unidos. 

El jueves anterior en su magnífico artículo publicado en La Jornada, Bernardo Barranco mencionó una imagen captada por los medios en la que aparece Donald Trump en el despacho oval. Lo rodean pastores evangélicos que, con sus manos, lo tocan como si fuera “el mesías salvador”. Y que “le perdonan todo porque lo perciben como el catalizador apocalíptico del fin de los tiempos y del advenimiento de una nueva era”. Además, Barranco critica a Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, por sus referencias a las Cruzadas y por sus oraciones en pro de una “violencia abrumadora”. En resumen, pastores de diferentes iglesias y máximos líderes bélicos, llamando a una “Guerra Santa” contra los infieles, es decir la población iraní y la de otros países que profesan el Islam. 

Pero Trump, cuya fortuna familiar aumentó escandalosamente desde que decidió atacar a Irán, encabeza otra gran cruzada en apoyo de los combustibles fósiles y en beneficio de quienes los poseen y/o explotan: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela, Rusia.... Y con tal propósito, en noviembre de 2025, su gobierno anunció nuevas perforaciones petrolíferas frente a las costas de California y Florida. Se trata de algo que no se realizaba desde hace décadas y perjudicará a numerosas comunidades costeras y a los ecosistemas del litoral. 

El poderoso clan petrolero que tanto apoyo financiero ha dado a las campañas electorales de Trump, alega que las nuevas perforaciones en ambos estados fortalecerán la seguridad energética y la creación de empleo. Desde hace 35 años, el gobierno federal no ha permitido perforaciones en aguas federales del este del Golfo de México. Incluye la costa de Florida y parte de la de Alabama. Y en muy buena parte como una forma de prevenir los derrames de petróleo. En California no se han otorgado nuevos arrendamientos en aguas federales desde hace 40 años. Apenas cuenta con algunas plataformas petrolíferas marítimas. 

Trump combate el enfoque del expresidente Joe Biden que tomó medidas para luchar contra el cambio climático, al que el magnate define como “el mayor engaño jamás perpetrado contra el mundo”. Desea el “dominio energético” de Estados Unidos en el mercado global y por eso ordenó acelerar ese logro vía el petróleo, el carbón y el gas natural. 

En paralelo, bloquear en todo el país los proyectos de energía limpia, cancelando miles de millones de dólares en subvenciones que los apoyaban. Y en el colmo, un comité afín a Trump, eximió a las perforadoras de petróleo y gas del Golfo de México de la protección que ofrece la Ley de Especies en Peligro de Extinción, destinada a salvaguardar las especies vulnerables. 

Pero su plan de perforación marina tiene la fuerte oposición del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, uno de sus principales críticos. En una publicación en redes sociales, declaró que la idea estaba “muerta al nacer”. También encuentra oposición bipartidista en Florida. El turismo y el acceso a playas limpias son pilares fundamentales de la economía en ambos estados. 

Mas radical es la crítica de los grupos ambientalistas y los centros de investigación, que consideran esa explotación como una severa amenaza a la biodiversidad que allí existe al igual que a las que conforman las áreas costeras. Recuerdan la negra experiencia dejada por los derrames petroleros en el Golfo de México y en el Ártico. 

En medio de derrotas, Trump proclama victorias como salvador del mundo. En la realidad, es su destructor. 

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