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 Por David Brooks.- Que el día de protesta nacional más grande de la historia de Estados Unidos, según los organizadores de la movilización No a los Reyes, con más de 3 mil 300 acciones de protesta en todas las esquinas del país. Se exhibió la rabia frente a la agenda derechista encabezada por el ocupante de la Casa Blanca, pero también la alegría de salir, gritar, bailar y cantar juntos.

La estrella del día fue la gente, aunque también estaban El Jefe Springsteen y Robert De Niro, así como las legendarias Jane Fonda y Joan Baez y figuras políticas. Pero la noticia no fueron ellos, sino la expresión masiva de repudio y furia ante las asaltos contra comunidades inmigrantes, a libertades y derechos civiles, el medio ambiente y ante guerras.

Pero después de un día de actos masivos y chiquitos en grandes urbes y pueblitos en todos los 50 estados, el ocupante de la Casa Blanca y su alianza derechista continuaron en el poder ignorando –y hasta burlándose– del gran llamado en las calles el sábado por un cambio de régimen en Estados Unidos. Por lo tanto, la pregunta es: ¿qué sigue?

Algunos organizadores hablan de mayores acciones de desobediencia civil, ensayos para una huelga general el primero de mayo, ampliar la resistencia constante y aprender las lecciones del gran ejemplo de Mineápolis, cuya continua oposición al asalto de la ciudad por miles de agentes federales antimigrantes logró la primera derrota de la Casa Blanca en el campo de la batalla social. Otros plantean que por ahora el objetivo central es organizarse para las elecciones intermedias de noviembre y lograr que los demócratas retomen el control por mayoría de por lo menos una de las dos Cámaras del Congreso, aunque algunos bromean –o no tanto– que aún está por verse si habrá comicios. Otros ofrecen conferencias, foros, talleres y más para organizar a escala local, estatal y federal en torno a temas como inmigración, defensa del derecho al voto, cómo elevar la oposición a las guerras y expresar solidaridad con otros pueblos.

Si, como dicen los organizadores de No Kings, salieron más de 8 millones a las calles, superando las dos jornadas de protestas del año pasado y con ello lograr algo sin precedente, muchos se atreven a sugerir que está naciendo un movimiento de resistencia capaz de promover un cambio real en este país en varios rubros. Esa expresión de oposición coincide con el desplome de tasas de aprobación de este presidente en los sondeos (36 por ciento Reuters/Ipsos), donde incluso su manejo de algunos de los temas claves de su campaña –migración y economía– son reprobados por amplias mayorías. Vale recordar en este contexto que ganó su retorno a la Casa Blanca con sólo un tercio del electorado total, una minoría del pueblo estadunidense.

El senador socialista demócrata Bernie Sanders, tal vez el político nacional más popular del país, capturó la coyuntura en su discurso ante el mitin de No Kings en Mineápolis: “estamos viviendo en un momento sin precedente y más peligroso en la historia estadunidense”, advirtió. Pero expresó que el momento no se trata de un solo hombre en el poder, sino “sobre unos cuantas de las personas más ricas del mundo quienes, en su avaricia insaciable, han tomado a nuestra economía...Nuestro sistema político… Nuestros medios... Nunca antes en la historia estadunidense unos pocos han tenido tanta riqueza y poder… con el uno por ciento más rico con más riqueza que el 93 por ciento de abajo”. Agregó que además de luchar contra el autoritarismo y los oligarcas, se tiene que frenar el “militarismo fuera de control tanto en casa… como en el extranjero”. Las movilizaciones del sábado no marcan “el fin de nuestra lucha. Es sólo el inicio”.

O sea, se podría decir que lo que sigue es la lucha por la redemocratización de Estados Unidos. Para eso, tendrán que invitar también a los inmigrantes que saben de estas batallas en sus países y que siempre han estado en la trincheras de ese tema en Estados Unidos (no por nada fueron el primer blanco de la derecha).

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