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Por Lorena Rivera.- Este recién nacido 2022 no es la excepción. Al parecer, de unos años para acá, se ha vuelto una costumbre iniciar un nuevo año con mala o malísima calidad del aire aun sabiendo lo perjudicial que es para la salud. Lo peor, la pandemia de covid-19 y la variante ómicron, de veloz contagio, lo hacen aún más peligroso, sobre todo para los sectores vulnerables de la sociedad.

Pirotecnia, fogatas y quema de otros materiales —como neumáticos— en la noche vieja incrementaron los niveles de contaminación por PM10 (partículas gruesas de 10 micras de diámetro) y PM2.5 (partículas en suspensión de menos de 2.5 micras) en la Zona Noreste del Valle de México, así como en otras ciudades de Jalisco, Nuevo León, Guanajuato, Estado de México, Tlaxcala y Aguascalientes.

Como cualquier tipo de contaminación, la del aire no se da por generación espontánea, está relacionada con las actividades humanas y, en este caso, la quema de pirotecnia u otros materiales, así como encender fogatas no sólo es cuestión de conciencia ambiental, sino también de educación.

No olvidemos que en el periodo invernal la inversión térmica impide que los contaminantes suspendidos se dispersen y, por ello, respiramos veneno puro.

Habrá quienes se excusen en la idea de que los fuegos artificiales son una tradición en festividades, como las navideñas y de fin de año, gracias al descubrimiento milenario de los alquimistas chinos: la pólvora negra.

Sin embargo, la venta de pirotecnia —muchas veces ilegal— conlleva perjuicios tanto para la seguridad —sobre todo de los infantes— como para la salud.

Hace unos días, el IMSS informó que el Hospital de Traumatología de Magdalena de las Salinas recibió a más de 100 pacientes por lesiones causadas por pirotecnia, de ésos, 30 fueron internados y de ellos hay 10 niños de entre 3 y 5 años de edad.

De acuerdo con el comunicado de la institución, el mal uso de la pirotecnia lesiona piel y huesos, pérdida de dedos o manos completas y brazos; incluso puede ser fatal. Así, tronar cohetes, palomas, bombas y cañones no es una manera divertida de festejar la Navidad o el Año Nuevo.

Por otro lado, los espectáculos multicolores con fuegos de artificio generan dos tipos de contaminación: acústica y ambiental.

Los estallidos pueden causar lesiones auditivas irreversibles y temor en bebés, personas de la tercera edad, así como en personas con algún tipo de discapacidad. Asimismo, dañan a perros, gatos, otros animales domésticos y fauna silvestre.

La pirotecnia emite sustancias nocivas para el sistema respiratorio como las partículas PM10 y PM2.5 y también genera gases de efecto invernadero como ozono, dióxido de carbono y dióxido de nitrógeno. ¡Exacto!, gases causantes del calentamiento de la Tierra.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado que la exposición a la contaminación del aire ocasiona al año alrededor de siete millones de muertes prematuras. En los niños las consecuencias son reducción del crecimiento y de la capacidad de la función pulmonar, susceptibilidad de infecciones respiratorias y agravamiento del asma.

En los adultos, “la cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares son las causas más comunes de muerte prematura atribuible a la contaminación del aire exterior, y también están apareciendo pruebas de otros efectos como diabetes y enfermedades neurodegenerativas”.

La OMS ha hecho hincapié en los riesgos para la salud asociados con las partículas PM10 y PM2.5, porque son capaces de penetrar profundamente en los pulmones, pero las PM2.5, incluso, llegan a entrar al torrente sanguíneo dañando los sistemas cardiovascular y respiratorio, así como otros órganos.

De ahí la importancia de que la sociedad sea responsable y evite actividades que contribuyan a la polución del aire, porque ya es suficientemente grande el problema de los generadores de contaminación, como la quema de combustibles fósiles en diversos sectores: transporte, energía, hogares e industrias.

La evidencia científica es muy clara sobre el peligro de mortalidad de covid-19 debido a los altos índices de contaminación tal y como lo han alertado organismos como el Instituto Nacional de Salud Pública, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica y la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, así como diversas investigaciones publicadas en The Lancet, Science Advances, Science of the Total Environment y Nature, entre otras.

Nunca como hoy la humanidad había tenido tan grandes desafíos: reducir los niveles de contaminación y continuar la batalla contra el SARS-CoV-2 y sus variantes, pero esto necesita de la voluntad de todos los seres humanos.

Excelsior

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