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Un equipo internacional de científicos descubrió que la estructura externa de una oruga podría servir de modelo para fabricar materiales flexibles capaces de soportar golpes muy fuertes sin romperse, un avance que podría tener aplicaciones en equipos de protección, dispositivos médicos y empaques de alta resistencia. 

La investigación, publicada en la revista científica Nature Communications, analizó la cutícula del barrenador asiático del maíz (Ostrinia furnacalis), una plaga agrícola cuya cubierta protege un cuerpo blando gracias a una combinación de resistencia y elasticidad. Los especialistas encontraron que esta "armadura" natural distribuye la energía de los impactos en lugar de concentrarla en un solo punto, lo que evita fracturas. 

Los científicos identificaron dos proteínas que trabajan junto con la quitina para formar una estructura en capas capaz de absorber y disipar la fuerza de un golpe. Este mecanismo permite que algunas uniones internas se rompan temporalmente y luego vuelvan a formarse, manteniendo la integridad del material. 

Con base en ese hallazgo, el equipo desarrolló un hidrogel experimental que imita la arquitectura de la cutícula. Durante las pruebas, el material logró absorber grandes cantidades de energía sin perder flexibilidad, demostrando que es posible reproducir este sistema biológico en materiales sintéticos. 

Aunque los investigadores aclararon que aún no se trata de una tecnología lista para uso comercial, consideran que el descubrimiento abre una nueva línea para diseñar cascos, protecciones, embalajes y otros productos más ligeros y resistentes. El siguiente paso será comprobar su durabilidad, reducir costos y evaluar su desempeño fuera del laboratorio. 

Muy Interesante 

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