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La llegada de nuevas fortunas relacionadas con el crecimiento de la inteligencia artificial abre una oportunidad para fortalecer proyectos sociales, pero el mayor impacto podría no estar en crear nuevas organizaciones, sino en apoyar a las que ya trabajan y conocen las necesidades de sus comunidades. 

En Estados Unidos existen alrededor de 1.8 millones de organizaciones sin fines de lucro que movilizan cerca de 600 mil millones de dólares en donaciones cada año. Muchas de ellas tienen experiencia directa en áreas como salud, educación, vivienda, empleo y desarrollo comunitario, aunque operan con recursos limitados. 

El artículo plantea que existe una tendencia entre algunos sectores tecnológicos a pensar que la filantropía debería adoptar el modelo de Silicon Valley, basado en experimentar, crecer rápidamente y sustituir estructuras existentes. Sin embargo, la experiencia de diversas organizaciones muestra que muchas ya tienen la capacidad de adaptarse y generar resultados.

Un ejemplo es el caso de MacKenzie Scott, quien desde 2019 ha destinado más de 26 mil millones de dólares a organizaciones sin fines de lucro mediante donaciones sin restricciones. Un estudio del Center for Effective Philanthropy encontró que, después de tres años, 90 por ciento de las organizaciones beneficiadas reportaron una situación financiera más sólida, ampliaron programas, redujeron el agotamiento de sus equipos y aumentaron su capacidad para innovar. 

El impacto de la inteligencia artificial también comienza a sentirse en el mercado laboral. La organización JVS Bay Area modificó sus programas de capacitación para preparar a las personas ante los cambios provocados por la automatización y agregó formación relacionada con inteligencia artificial, además de impulsar capacitación en sectores como salud y oficios especializados.

Durante la incertidumbre laboral de 2025, quienes concluyeron sus programas encontraron empleos significativos en menos de un mes, en promedio. El caso muestra que no siempre es necesario construir una nueva infraestructura para responder a los cambios, sino fortalecer y adaptar la que ya existe. 

Ante el crecimiento de la riqueza generada por la inteligencia artificial, la filantropía enfrenta ahora una decisión importante. El dinero puede utilizarse para crear nuevos proyectos, pero también para identificar organizaciones que ya demostraron resultados y proporcionarles los recursos necesarios para crecer.

La propuesta es aprovechar herramientas como la inteligencia artificial y el análisis de datos para mejorar la manera en que se financia, mide y amplía el impacto social. De esta forma, la innovación no tendría que significar comenzar desde cero, sino dar mayor alcance a quienes llevan años trabajando en las comunidades. 

ExpokNews 

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