Durante años se ha difundido la idea de que el aguacate “cambia de sexo” cada día, pero la realidad es más compleja. Sus flores tienen órganos masculinos y femeninos, aunque activan cada función en distintos momentos para reducir la posibilidad de autofecundación.
Este mecanismo se conoce como dicogamia protógina sincronizada diurna y permite que una misma flor funcione primero como femenina, cuando recibe polen, y posteriormente como masculina, cuando libera el suyo. Entre ambas etapas pueden pasar alrededor de dos días, por lo que no se trata de un cambio diario de sexo.
El comportamiento también depende del tipo de aguacate. Las variedades conocidas como tipo A, entre ellas Hass, suelen abrir sus flores en fase femenina por la mañana y posteriormente pasan a la fase masculina. En las de tipo B, como Fuerte, el orden se invierte. Los horarios pueden variar según la temperatura y las condiciones ambientales.
Esta diferencia entre variedades favorece la polinización cruzada. Mientras unas plantas tienen flores preparadas para recibir polen, otras pueden estar liberándolo, lo que facilita el intercambio entre distintos árboles.
Ahora, un estudio publicado en Fruit Research aporta una posible explicación genética para este comportamiento. Los investigadores identificaron un factor de transcripción de la familia MYB, relacionado con la regulación de los momentos en que las flores activan sus funciones femenina y masculina.
El hallazgo podría tener aplicaciones en la producción agrícola, ya que conocer mejor los mecanismos genéticos que regulan la floración permitiría seleccionar variedades con características más adecuadas para diferentes condiciones.
Sin embargo, los investigadores advierten que el funcionamiento de las flores no depende únicamente de los genes. La temperatura, el microclima y la actividad de los polinizadores también pueden modificar los periodos de apertura y afectar la coincidencia entre las flores que reciben y liberan polen.
Así que el aguacate no cambia realmente de sexo. Lo que hace es alternar, de manera coordinada, sus funciones reproductivas para aumentar las posibilidades de polinización y reproducción.
Muy Interesante

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