Brasil.- Aunque cerca de 200 países reconocieron la necesidad de abandonar gradualmente los combustibles fósiles para enfrentar el cambio climático, las diferencias sobre cómo reducir el uso y la producción de petróleo, gas y carbón siguen frenando la posibilidad de alcanzar un acuerdo internacional con medidas concretas.
El compromiso surgió durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28), celebrada en Dubái en 2023, donde por primera vez se incluyó un llamado para dejar atrás estos combustibles en los sistemas energéticos. Sin embargo, el acuerdo no estableció fechas obligatorias ni mecanismos para llevarlo a la práctica.
El problema es que, mientras numerosos gobiernos impulsan proyectos de energía solar, eólica y otras fuentes renovables, al mismo tiempo continúan realizando inversiones en la extracción de petróleo y gas, lo que dificulta disminuir las emisiones responsables del calentamiento global.
De acuerdo con un análisis de la Alianza Más Allá del Petróleo y el Gas (BOGA), de los 146 planes nacionales de acción climática actualizados y presentados ante Naciones Unidas hasta agosto de 2026, un total de 101 mencionan la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, pero únicamente 12 explican cómo pretenden hacerlo.
Ante esta falta de acuerdos, Brasil trabaja en una propuesta internacional que busca establecer una ruta para disminuir progresivamente la dependencia de estos energéticos y que será presentada durante la COP31.
El gobierno brasileño intentó incluir esta iniciativa en las negociaciones oficiales de la COP30, pero las diferencias entre los participantes impidieron alcanzar un consenso, por lo que se decidió continuar con la elaboración de un documento de carácter voluntario.
La propuesta contempla mejorar los mecanismos internacionales de financiamiento, fortalecer las capacidades de los países, promover la cooperación y garantizar una transición justa para las economías que dependen de los combustibles fósiles.
Sin embargo, las posiciones siguen siendo distintas. Rusia considera que el gas natural puede servir como combustible de transición hacia fuentes menos contaminantes, mientras que Noruega sostiene que su producción de gas genera emisiones relativamente bajas.
En contraste, países insulares como las Islas Marshall y Vanuatu han pedido compromisos más firmes para reducir la extracción de petróleo, gas y carbón, debido a los riesgos que representa el calentamiento global para sus territorios.
Uno de los principales obstáculos es que numerosas economías dependen de los ingresos que obtienen mediante la exportación de hidrocarburos. Entre ellas se encuentran Kazajistán, Chad y Trinidad y Tobago, donde una reducción acelerada de la producción podría afectar empleos y finanzas públicas.
Por ello, especialistas consideran necesario que los países con mayores recursos económicos apoyen a las naciones que requieren inversiones para desarrollar nuevas actividades productivas y disminuir su dependencia de los combustibles fósiles.
La discusión también plantea que los compromisos ambientales deben acompañarse de fechas, metas medibles y mecanismos de seguimiento, pues anunciar nuevas instalaciones de energía renovable no garantiza que disminuya automáticamente el consumo de petróleo, carbón y gas.
Algunos países ya han establecido sus propias estrategias. Alemania contempla abandonar gradualmente estos combustibles para 2045, mientras que Países Bajos busca aumentar considerablemente su capacidad de generación renovable hacia 2040, aunque sin una fecha obligatoria para eliminar los energéticos fósiles.
En el caso de México, la transición energética se está incorporando a sus compromisos climáticos, aunque el debate internacional continúa centrado en cómo convertir las metas ambientales en reducciones efectivas de emisiones.
La próxima COP31 será un momento importante para conocer si los países consiguen avanzar hacia acuerdos más claros sobre la disminución de los combustibles fósiles y los recursos necesarios para financiar ese cambio.
El desafío no consiste solamente en producir más electricidad mediante fuentes limpias, sino en lograr que estas sustituyan progresivamente a los combustibles que actualmente sostienen buena parte de la economía mundial.
ExpokNews

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