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La presencia del fuego en la Amazonia no es un fenómeno reciente. Un nuevo estudio reconstruyó alrededor de 10 mil años de historia de incendios en la región y encontró que buena parte de ellos estuvo relacionada con actividades humanas, especialmente con prácticas de manejo del territorio.


La investigación fue publicada en 2026 en la revista Frontiers of Biogeography y estuvo encabezada por Crystal N. H. McMichael, profesora asociada de la Universidad de Ámsterdam. El equipo reunió mil 361 dataciones de radiocarbono procedentes de 303 sitios de la cuenca amazónica. 


Los investigadores concluyeron que los incendios recurrentes son poco frecuentes de manera natural en los bosques húmedos amazónicos, por lo que muchos de los registros antiguos probablemente estuvieron vinculados con actividades humanas.


Para reconstruir esta historia, los especialistas analizaron fragmentos de carbón vegetal conservados en suelos y yacimientos arqueológicos. Estos restos se forman cuando la vegetación arde de manera incompleta y pueden permanecer durante miles de años.


El estudio reunió información obtenida en investigaciones paleoecológicas y arqueológicas, además de 31 fragmentos fechados mediante espectrometría de masas con acelerador en ocho sitios de tres regiones amazónicas. 


Sin embargo, los científicos advierten que encontrar carbón no permite saber directamente quién provocó un incendio ni cuál fue su finalidad. Para llegar a esas conclusiones es necesario analizar también el contexto arqueológico, ecológico y cronológico.


Los registros muestran además que el uso del fuego se extendió de manera gradual. Entre hace 10 mil y 6 mil años, las evidencias se concentraban principalmente en los límites de la cuenca y cerca del río Amazonas, donde probablemente existía una mayor movilidad humana.


Entre hace 6 mil y 4 mil años, las señales comenzaron a aparecer en otras regiones. Hace aproximadamente 2 mil años, el fuego ya estaba registrado en zonas del interior de la Amazonia. 


Los autores señalan que este patrón no debe interpretarse como una expansión perfectamente uniforme. Las regiones más estudiadas arqueológicamente cuentan con más registros, por lo que una parte de las diferencias puede deberse a dónde se han realizado más excavaciones y análisis.


La investigación también insiste en distinguir entre distintos tipos de fuego. Por un lado están los incendios naturales, como los provocados por rayos, que son relativamente poco frecuentes en la selva húmeda.


Por otro, se encuentra el uso indígena del fuego, empleado durante miles de años para cocinar, abrir pequeñas parcelas, mantener claros o modificar de manera controlada determinadas áreas del paisaje.


Una tercera categoría corresponde a los incendios contemporáneos, relacionados con factores como la deforestación, la fragmentación de los bosques, las sequías prolongadas y el calentamiento global.


Esta diferencia es importante porque una quema localizada para preparar un terreno agrícola no tiene el mismo impacto que un incendio capaz de extenderse sobre grandes áreas de bosque seco. 


El registro muestra además que la presencia del fuego disminuyó hace entre 700 y 500 años, antes de la llegada de los europeos, y volvió a reducirse durante los siglos posteriores.


Los investigadores relacionan esta segunda caída con el colapso de las poblaciones indígenas provocado por epidemias, guerras y esclavitud durante la colonización. La reducción del fuego podría reflejar así la desaparición de comunidades y de sus formas tradicionales de gestionar el territorio. 


Los especialistas subrayan que miles de años de convivencia con quemas controladas no significan que la Amazonia esté preparada para soportar los incendios actuales.


Como ejemplo, un análisis de la región MAP, integrada por Madre de Dios, en Perú; Acre, en Brasil, y Pando, en Bolivia, registró alrededor de 75 mil 400 incendios activos durante los meses de septiembre de 2005, 2010, 2016 y 2020.


La superficie considerada favorable para el fuego en esa región pasó de 36.9 por ciento en 2016 a 51.5 por ciento en 2020, una diferencia asociada con cambios en el uso del suelo y condiciones climáticas más propicias para la propagación de incendios. 

El estudio concluye que el fuego ha formado parte de la historia humana de la Amazonia durante milenios, pero advierte que los incendios actuales no pueden considerarse simplemente una continuación de aquellas prácticas.


La diferencia está en la escala, la frecuencia y las condiciones ambientales. Mientras muchas comunidades antiguas utilizaban quemas controladas como herramienta de manejo, los incendios contemporáneos se desarrollan en un contexto marcado por deforestación, sequías y calentamiento global, factores que aumentan considerablemente el riesgo para la selva.

Muy Interesante 

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