El primer ministro británico, Keir Starmer, se negó a que su país participe en el bloqueo naval del estrecho de Ormuz anunciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ordenó impedir el tránsito de buques petroleros en esta ruta estratégica para el comercio global de hidrocarburos, informó este domingo The Telegraph.
Londres no desempeñará ningún papel en la aplicación del cerco marítimo, pese a que Washington anticipó la participación de aliados en la operación. La decisión marca un distanciamiento entre ambos gobiernos en medio de la escalada de tensiones con Irán.
El anuncio del bloqueo se produjo tras el fracaso de conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán, lo que llevó a Trump a endurecer su postura. En su red Truth Social, el mandatario aseguró que la armada estadunidense comenzaría a “bloquear todos y cada uno de los barcos” que intenten entrar o salir del estrecho, sin detallar el alcance operativo de la medida.
En contraste, Downing Street indicó que el Reino Unido trabaja “con urgencia” junto a Francia y otros socios para conformar una coalición orientada a proteger la libertad de navegación, una formulación que evita respaldar explícitamente la estrategia de Washington. Funcionarios británicos señalaron que cuentan con sistemas de detección de minas en la región, susceptibles de ser utilizados para despejar eventuales artefactos colocados en la vía marítima.
La divergencia política se vio acompañada de un nuevo cruce verbal. Trump arremetió contra Starmer y lo comparó con Neville Chamberlain, figura asociada a la política de apaciguamiento frente a la Alemania nazi en la década de 1930. “La OTAN es una vergüenza”, declaró el presidente a Fox News, al criticar la postura británica sobre el envío de equipo militar.
El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en epicentro de la disputa entre Washington y Teherán. La negativa de Londres a sumarse al bloqueo subraya fisuras entre aliados occidentales sobre cómo responder a la crisis, mientras crecen los riesgos de una escalada con implicaciones directas en los mercados energéticos y la seguridad regional.

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