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Un amplio estudio genético con datos de entre 611 mil y 1.14 millones de personas, dependiendo del rasgo analizado, identificó 1,260 variantes del ADN relacionadas con la personalidad. La investigación, publicada en Nature por el Revived Genomics of Personality Consortium, encontró evidencia de una influencia genética en nuestra forma habitual de pensar, sentir y comportarnos, aunque los resultados no significan que la personalidad esté determinada desde el nacimiento.


Los científicos reunieron información de 46 grupos de participantes y analizaron alrededor de diez millones de variaciones del ADN para cada una de las cinco grandes dimensiones de la personalidad: extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia. Encontraron 706 asociaciones para neuroticismo, 258 para extraversión, 131 para responsabilidad, 126 para apertura y 39 para amabilidad; además, 824 de las 1,260 posiciones identificadas se encontraban en regiones que anteriormente no habían sido relacionadas con variaciones del rasgo correspondiente.


Pese al elevado número de asociaciones, el efecto de cada variante es extremadamente pequeño. Por ejemplo, una de las variantes típicamente asociadas con la extraversión desplazaría estadísticamente a una persona situada en el percentil 50 apenas hasta el 50.35. Las variantes comunes analizadas explicaron entre 4.8 y 9.3 por ciento de las diferencias observadas según el rasgo, aunque otros modelos alcanzaron hasta 16.2 por ciento. Investigaciones anteriores con gemelos y familias han calculado una heredabilidad general de entre 40 y 60 por ciento, pero esto tampoco significa que el resto de la personalidad dependa exclusivamente del ambiente.


Para comprobar que las asociaciones no fueran consecuencia de características familiares compartidas, los investigadores utilizaron datos de miles de familias con gemelos y de 34,506 grupos de padres e hijos. Al controlar estas posibles influencias, los efectos genéticos directos conservaron el 96.2 por ciento de la capacidad predictiva mostrada por los índices poligénicos en la población general. Los autores aclaran que esto no quiere decir que los genes expliquen el 96.2 por ciento de la personalidad, sino que las relaciones genéticas detectadas apenas disminuyeron al controlar determinados factores compartidos dentro de las familias.


El estudio también encontró que cuatro dimensiones de la personalidad, todas excepto amabilidad, mostraban asociaciones con genes expresados en la corteza prefrontal del cerebro. Sin embargo, hubo poco respaldo para explicaciones sencillas que atribuyen determinados rasgos directamente a neurotransmisores como la dopamina o la serotonina, lo que apunta a mecanismos biológicos mucho más complejos y relacionados entre sí.


Aunque los científicos desarrollaron índices poligénicos capaces de predecir modestamente algunos rasgos dentro de grupos de población, estos no permiten saber cómo se comportará una persona en el futuro. Además, gran parte de la información procede de poblaciones con ascendencia genética similar a la europea, por lo que serán necesarios estudios más diversos. La investigación concluye que la personalidad surge de una gran cantidad de pequeñas predisposiciones genéticas que interactúan durante toda la vida con la familia, educación, cultura, relaciones, experiencias y circunstancias de cada persona.

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