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Un análisis de restos animales recuperados en 460 yacimientos arqueológicos permitió reconstruir cómo se transformó la ganadería de Inglaterra durante mil años y cuestionó la idea de que el crecimiento económico medieval se debió simplemente a sustituir vacas por ovejas.


La investigación reunió información de 701 conjuntos zooarqueológicos fechados aproximadamente entre los años 400 y 1400. El trabajo fue realizado por especialistas de las universidades de Leicester, York y Oxford y publicado en la revista científica PLOS ONE. 


Los resultados muestran que la transformación fue gradual y estuvo determinada por factores como las características del suelo, las necesidades agrícolas, la cercanía a los mercados y las posibilidades comerciales de cada región.


Durante los primeros siglos del periodo analizado, especialmente entre los años 450 y 625, el ganado bovino predominaba en buena parte de Inglaterra. Vacas y bueyes tenían múltiples funciones, ya que proporcionaban carne, leche, cuero y estiércol, además de servir como animales de trabajo.


A partir del siglo IX aumentó el uso especializado de bovinos para tirar de arados y transportar cargas. Esta práctica alcanzó su mayor presencia entre los siglos XI y XII, cuando la producción de cereales cobró mayor importancia para alimentar a una población en crecimiento. 


Con el paso del tiempo, los caballos comenzaron a utilizarse cada vez más para las labores agrícolas. Esto permitió que parte del ganado vacuno se destinara con mayor frecuencia a la producción de carne y leche.


Las ovejas también desempeñaron un papel fundamental, pero su crecimiento comenzó antes de lo que se había considerado tradicionalmente.


El estudio encontró señales de un aumento en la producción de lana desde principios del siglo VII. Los investigadores relacionan parte de este cambio con explotaciones vinculadas a comunidades monásticas, que pudieron generar excedentes destinados al comercio. 


La presencia relativa de ovejas siguió creciendo desde aproximadamente el año 625 y, hacia el año 1000, bovinos y ovinos aparecían en proporciones similares en muchos de los conjuntos arqueológicos estudiados.


Sin embargo, esto no significa que las ovejas sustituyeran por completo a las vacas. Los bovinos continuaron teniendo un peso económico considerable debido a la mayor cantidad de carne, leche y otros recursos que podía proporcionar cada animal.


La lana se convirtió en uno de los productos más importantes de la economía inglesa medieval y alimentó rutas comerciales hacia centros textiles de Flandes e Italia. De acuerdo con fuentes históricas citadas en el análisis, las exportaciones alcanzaron su mayor volumen durante el siglo XIII y principios del XIV.


El estudio también encontró importantes diferencias regionales. En zonas como Cotswolds tuvieron mayor relevancia los rebaños ovinos y la producción de lana, mientras que en regiones húmedas del norte y oeste los bovinos y la producción de leche conservaron mayor importancia. 


La expansión ganadera tampoco desplazó necesariamente a la agricultura. Ovejas, vacas y cultivos funcionaban de manera complementaria: los animales proporcionaban estiércol para fertilizar los campos, los bueyes ayudaban a ararlos y las ovejas podían alimentarse con los restos de las cosechas.


Los especialistas advierten que los huesos encontrados en los yacimientos no funcionan como un censo exacto de los animales que existían en cada época. Los restos reflejan principalmente ejemplares sacrificados, consumidos o descartados, por lo que deben combinarse con información sobre edad, sexo, ubicación y características del asentamiento.


Pese a estas limitaciones, el volumen de información permitió obtener una imagen más detallada de la transformación agrícola inglesa. En lugar de una única “revolución ganadera”, los investigadores encontraron una serie de cambios acumulados durante siglos.


El proceso permitió pasar de economías locales relativamente autosuficientes a sistemas capaces de generar excedentes de carne, leche, lana y cereales, abastecer ciudades en crecimiento y participar en redes comerciales internacionales.


La investigación concluye que el desarrollo económico de la Inglaterra medieval no dependió de un solo animal o producto, sino de la capacidad de agricultores y ganaderos para modificar gradualmente la forma en que utilizaban vacas, ovejas, caballos y tierras de cultivo según las necesidades de cada época.

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