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La inteligencia artificial está abriendo una nueva frontera en la manera de conservar los recuerdos de quienes han muerto. Los llamados “thanabots” o “griefbots” son sistemas capaces de imitar la forma de hablar, la voz e incluso algunos rasgos de personalidad de una persona fallecida a partir de la información digital que dejó en vida.

Estas herramientas no representan una “resurrección” ni establecen contacto real con la persona. Funcionan mediante modelos de inteligencia artificial que analizan mensajes, correos electrónicos, fotografías, audios, videos y publicaciones en redes sociales para calcular qué podría responder alguien ante determinada pregunta. 

Precisamente ahí aparece uno de los principales riesgos. Debido a que la tecnología predice respuestas en lugar de recuperar recuerdos reales, puede inventar acontecimientos, atribuir opiniones que la persona nunca tuvo o generar declaraciones falsas que, por el realismo de la voz o del avatar, pueden parecer auténticas.

Actualmente existen diferentes modalidades. Algunos servicios funcionan principalmente como archivos memoriales que permiten escuchar historias o grabaciones realizadas por la persona antes de morir. Otros utilizan inteligencia artificial generativa para crear respuestas completamente nuevas imitando su personalidad. En este último caso, el sistema puede contestar incluso preguntas que nunca fueron formuladas cuando la persona estaba viva.

Entre las plataformas existentes se encuentra HereAfter AI, enfocada principalmente en conservar relatos y grabaciones. Sin embargo, también existen propuestas experimentales que avanzan hacia conversaciones generadas artificialmente. La diferencia es importante: mientras unas reproducen materiales previamente grabados, otras fabrican nuevas respuestas mediante inteligencia artificial.

Los servicios prometen conservar recuerdos y mantener una especie de continuidad simbólica con los seres queridos. Algunos usuarios han descrito experiencias de consuelo, aunque las investigaciones también han encontrado preocupación por la dependencia emocional, la privacidad y la posibilidad de que estas simulaciones interfieran con el proceso de duelo.

Hasta ahora no existe evidencia suficiente para considerar los thanabots como una terapia psicológica validada. Una revisión de 30 estudios publicada en 2026 encontró posibles beneficios, pero también riesgos relacionados con dependencia y representaciones inexactas. Otra investigación basada en experiencias y entrevistas reportó tanto sensaciones de consuelo como inquietudes por el excesivo realismo de estas herramientas. 

Otro aspecto que genera debate es el económico. No existe una tarifa universal, pero servicios comparables han manejado precios aproximados de entre 7 y 24 dólares mensuales, además de posibles cargos adicionales por determinadas funciones. Las cantidades pueden variar según el país, la plataforma y las condiciones comerciales.

Pagar una suscripción tampoco significa necesariamente convertirse en propietario del avatar digital. En muchos casos únicamente se obtiene una licencia para utilizar el servicio mientras se mantenga activa la cuenta y se respeten las condiciones establecidas por la empresa.

Si el usuario deja de pagar, la compañía podría limitar conversaciones, bloquear determinadas herramientas o eventualmente eliminar la cuenta. Tampoco existe una obligación general para que las empresas entreguen una versión portable del modelo que permita trasladar al avatar hacia otra plataforma.

Esto significa que fotografías, grabaciones, conversaciones y otros recuerdos familiares podrían terminar dependiendo de servidores privados. El problema sería todavía mayor si la compañía desaparece, quiebra, es comprada por otra empresa o modifica sus condiciones de servicio.

La privacidad representa otro de los grandes desafíos. Los archivos utilizados para crear estos sistemas no necesariamente contienen información únicamente del fallecido. Correos electrónicos, fotografías familiares, videos y grabaciones también pueden incluir datos, imágenes o voces de familiares, amigos e incluso menores que nunca autorizaron que ese material fuera procesado por inteligencia artificial.

También existe una diferencia entre autorizar la conservación de una grabación y permitir que una inteligencia artificial utilice esa voz para generar declaraciones nuevas. Por ello, especialistas plantean la necesidad de establecer consentimientos específicos e informados sobre qué puede hacerse con la identidad digital de una persona después de su muerte.

La legislación tampoco ofrece actualmente una respuesta uniforme. En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos no se aplica directamente a los datos personales de personas fallecidas y deja diferentes aspectos en manos de cada país. España permite que familiares, herederos y determinadas personas vinculadas soliciten acceso, rectificación o eliminación de datos bajo ciertas condiciones, pero la normativa no determina por sí sola quién puede ordenar la creación de un avatar mediante inteligencia artificial. 

En Estados Unidos, las reglas dependen de una combinación de legislaciones estatales, derechos de autor, derechos de personalidad y contratos establecidos por cada plataforma. Francia, por su parte, contempla mecanismos para que una persona deje instrucciones relacionadas con el manejo de sus datos después de morir.

Los especialistas consideran además que cualquier conversación generada por estos sistemas debería indicar claramente que proviene de una inteligencia artificial. El objetivo sería evitar que una persona vulnerable interprete las palabras generadas por una computadora como mensajes auténticos del fallecido.

La discusión alrededor de los thanabots, por tanto, va mucho más allá de la capacidad tecnológica para reproducir una voz o generar una conversación convincente. También plantea interrogantes sobre quién controla los datos, quién puede modificar el avatar, quién obtiene beneficios económicos y qué sucede con todos esos recuerdos cuando termina una suscripción.

La tecnología podría convertirse en una nueva forma de archivo familiar y memoria digital, pero también podría transformar recuerdos profundamente personales en servicios sujetos a pagos mensuales, servidores privados y condiciones comerciales que pueden cambiar con el tiempo. 

Muy Interesante

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